Tema :Sobre Educación sexual

Autora: MSc. Milagros Quintana Quesada

                                      

                                  LA SEXUALIDAD NO ES SINÓNIMO DE SEXO

La sexualidad no es sinónimo de sexo, porque va más allá de lo genital, lo erótico, lo reproductivo; se desarrolla a partir de las experiencias personales y privadas, de las influencias sociales, y se experimenta, se siente, se vive de acuerdo con nuestra perspectiva individual, incluye vínculos espirituales de amor, comunicación e intimidad, y entre sus funciones está: la reproductiva, la erótico- placentera y la comunicativa.
Al nacer todos somos biológicamente sexuados, lo cual no implica que de forma espontánea nos convirtamos en muchachos y muchachas, hombres y mujeres, sino que se produce un proceso de construcción individual a través del cual aprendemos a pensar, sentir y actuar según nuestro sexo, lo que constituye el núcleo central de la sexualidad: la identidad de género, categoría que será analizada posteriormente.

                                        ADUCACIÓN DE LA SEXUALIDAD

La sexualidad no es un fenómeno abstracto que pueda ser desvinculado de aquellos procesos que la conforman e identifican, los que le dan un carácter peculiar y le proporcionan un conjunto determinado de propiedades esenciales. Nos referimos a los componentes psicológicos de la sexualidad: la identidad de género, el rol de género y la orientación sexoerótica, los que integran una unidad sistémica indisoluble y cuya esencia se expresa en la sexualidad misma.
Estos procesos, y en particular la identidad de genero, expresan la forma particular en que cada individuo construye, valora, regula y proyecta su sexualidad masculina o femenina, en cada situación de su vida personal y social.
E n la adolescencia, de la manera en que se estructure su identidad y los restantes procesos, dependerá el grado de aceptación y satisfacción de su sexualidad y la forma en que se vincule como ser masculino o femenino con los que le rodean.
Es indispensable para el educador, que se establezca la relación entre esta y los fenómenos biológicos y sociales que plasman sus premisas.
Se denomina sexo al conjunto de atributos anatomofisiológicos de carácter sexual (genéticos, cromosómicos, gonadales, hormonales, genitales y cerebrales), que conforman y distinguen- desde el nacimiento- un sexo del otro. Estos atributos, en modo alguno, determinan de manera directa y mecánica que el individuo se convierta en un futuro ser psicológicamente sexuado, que sienta, piense, se comporte, y exprese a través de una personalidad sexuada: masculina y femenina. No obstante, ellos son el fundamento de la sexualización de la psiquis, en la medida en que la asignación del sexo del niño o niña al nacer, a partir de sus genitales, desencadena un proceso educativo de socialización perfectamente estructurado, que debe dar lugar a que este (a) se identifique con su cuerpo sexuado y comience, consciente o inconscientemente, a imitar y apropiarse de los modelos y modos de comportamientos que para su sexo establece y exige la sociedad.

                                                 

                                       IDENTIDAD DE GÉNERO

La identidad de género es el sentimiento y la conciencia más íntima y profunda de ser hombre o mujer, la convicción de la propia masculinidad o feminidad, o ambivalente, que se estructura a partir del nacimiento y durante toda la vida; pero, en especial, en los 3 a 5 primeros años es que el niño o la niña se identifica con sus genitales, se diferencia del otro (a) y aprende a reproducir los modelos del progenitor y el resto de las personas de su sexo.
En la base de la identidad de género se forman, a lo largo de la vida, un sistema de procesos afectivos y cognoscitivos: motivaciones, sentimientos, actitudes, conceptos, capacidades, habilidades, hábitos, etc. hacia el propio sexo y el otro, que intervienen en la regulación de todas las manifestaciones conductuales del ser humano. En consecuencia, la identidad de género puede ser considerada el núcleo de la sexualidad, integrador de los restantes componentes psicológicos de esta, ya que matiza toda la vida del individuo e interviene en la forma en que él experimenta y expresa su masculinidad o feminidad, en el por qué, para qué, el cómo y con qué de toda expresión de su personalidad sexuada en cada situación de la vida íntima e interpersonal.
Teniendo como base la identidad genérica, la manera en que cada persona vivencia su masculinidad o feminidad, el rol de género no es más que la forma particular que ella interpreta, constituye y expresa públicamente los modelos sexuales que establece la sociedad en que vive.

                                             

                               LA SATISFACCIÓN DE SER HOMBRE O MUJER

Si bien los procesos que conforman la sexualidad tienen su fundamento en los atributos biológicos y en la identificación con el cuerpo sexuado, son los modelos sociales que se trasmiten, a partir del sexo que se asigna al nacer, lo que condiciona-en mayor medida- la manera en que cada persona construye y expresa su identidad, sus roles sexuados y, en general, su sexualidad.
Los patrones sociales a partir de los cuales los padres, las madres, los (as) maestros y los adultos suelen modelar la sexualidad masculina o femenina de niños y adolescentes, tienden a tener un carácter rígido y esquemático que los convierten en fuertes estereotipos sexuales. Estos integran un conjunto muy limitado de rasgos, funciones y modos de actuación que cada cultura y religión asigna al individuo según su sexo, obligándolos a comportarse coherentemente con ellos y de acuerdo con sus expectativas, en toda situación de su vida
Los estereotipos reglamentan estrictamente toda manifestación de la sexualidad masculina o femenina, del nacimiento hasta la muerte. Ellos tienen un carácter normativo valorativo, puesto que condicionan al ser humano desde que nace, a través de un sistema de estímulos y sanciones, a comportarse acorde con lo establecido mediante dichos patrones. Este sistema educativo tiene un fuerte impacto psicológico, pues la persona tiende -consciente o inconscientemente-y desde las más tiernas edades, a comportarse en concordancia con dichos estereotipos, a fin de obtener el reconocimiento y la aprobación de los que le rodean, puesto que se aprende muy temprano que toda manifestación que la contravenga, será rechazada y muchas veces castigada, lo cual lesiona su autoestima.

 

                                              LA MASCULINIDAD Y LA FEMINIDAD

Al estimular o sancionar a los niños y adolescentes, no es recomendable aplicar patrones y reglas de conducta diferentes para la hembra o para el varón; lo que es válido para uno, debe serlo también para el otro.
Es importante propiciar que los niños jueguen en común con niños de otro sexo y evitar aquellos juegos considerados exclusivamente “femeninos“  o “ masculinos”.
Se requiere, además, utilizar otras vías para influir de forma directa y sistemática sobre los (las) niños (as) y aprovechar todas las oportunidades para trasmitir información, valores y normas morales. Se logra así, la integración armónica y permanente de la educación sexual a la vida cotidiana en la familia, la escuela y la comunidad.
La masculinidad y la feminidad no nacen con la persona, se educan a través de la vida. Las imágenes de lo femenino y lo masculino son en ocasiones rígidas y culturalmente estereotipadas, diferenciando a cada sexo por el vestido, peinados, juegos, juguetes y tipos concretos de conducta. Sin embargo, las verdaderas diferencias entre el hombre y la mujer no están dadas por estos aspectos, sino por las características de sus órganos sexuales y la función que desempeñan en la reproducción y en la respuesta sexual.
Es importante enseñar a los niños a autoclasificarse como hembra o como varón, a partir de las verdaderas diferencias biológicas, desarrollando al mismo tiempo el sentimiento de orgullo por pertenecer a su sexo.

Bibliografia utilizada

Carvajal Rodríguez Cirelda y otros. Educación para la Salud en la Escuela. Editorial Pueblo y Educación. Ciudad de La Habana, 2000.
Colectivo de autores. Para la vida. Editorial Pueblo y Educación, 1992.
Colectivo de autores. Temas de Educación para la Salud y Educación de la Sexualidad. Editorial Pueblo y Educación. Ciudad de La Habana, 2000.