Las vacunas frente a las enfermedades infecciosas
Autor: MsC. Alina Fernández Rodríguez
Las vacunas inmunizan al hospedero contra las enfermedades infecciosas.
La vacuna es un preparado de antígenos que una vez dentro del organismo provoca la producción de
anticuerpos y con ello una respuesta de defensa ante microorganismos patógenos. Esta respuesta genera, en algunos casos, cierta memoria inmunitaria produciendo inmunidad transitoria frente al ataque patógeno correspondiente. La primera vacuna descubierta fue la usada para combatir la viruela por Edward Jenner en 1796.
Con la vacunación se promueve la formación por el paciente de linfocitos de memoria, que ante un contacto con el agente reaccionen rápida y eficazmente.
La vacunación es una medida preventiva o profiláctica, cuyos efectos tienen un tiempo, en el que la persona forma sus defensas. Salvan a la humanidad de padecer gran cantidad de enfermedades y por ello las administraciones sanitarias se encargan de aplicar los planes de vacunación a niñez y a la juventud, y de informar de las vacunas recomendables en caso de desplazamiento a países con enfermedades infrecuentes respecto al nuestro, para las que no estamos inmunizados.
La Inmunización, es la técnica de medicina preventiva cuyo objetivo consiste en procurar resistencia inmune frente a una cepa infecciosa. Con este fin, se inocula al individuo una forma del patógeno que no tiene capacidad de producir la enfermedad, pero sí de inducir la formación de anticuerpos. Este proceso se denomina también vacunación debido a que la primera técnica de inmunización consistió en la administración del virus para lograr la inmunidad frente a la viruela.
Las vacunas son la forma más eficaz de protección frente a los virus y organismos causantes de enfermedades infecciosas, contra los que no son eficaces los antibióticos.
En Cuba, a nivel de los países desarrollados, se administran ciertas vacunas de acuerdo a un calendario oficial de vacunación. La vacunas de la difteria, tétanos y tos ferina se administran simultáneamente a los tres, cinco y siete meses de vida, coincidiendo con la vacuna de la poliomielitis; a los 15 meses se administran las de la parotiditis, sarampión y rubéola (vacuna triple vírica). También es cada vez más habitual la vacuna del haemophilus tipo b.
Igualmente, en la antigua China se había observado que las personas que en su niñez habían padecido la viruela no la adquirían más adelante en su vida. Los mismos chinos, en el siglo XI ane, fueron los primeros en intentar una aplicación de estas observaciones que indicaban la inducción de un estado protector por medio de una forma suave de la enfermedad: la inhalación de polvo de escaras de viruela provocaba un ataque suave que confería resistencia ante infecciones posteriores.
El primer acercamiento a la inmunización con criterios racionales fue realizado por el médico inglés
Edward Jenner (1749-1823), tras su constatación de que los vaqueros que habían adquirido la viruela vacunal (una forma benigna de enfermedad que sólo producía pústulas en las manos) no eran atacados por la grave y deformante viruela humana. En mayo de 1796 inoculó a un niño, fluido procedente de las pústulas vacunales de Sarah Nelmes; semanas después el niño fue inyectado con pus de una pústula de un enfermo de viruela, comprobando que no quedaba afectado por la enfermeda. Jenner publicó sus resultados en 1798 ("An enquiry into the causes and effects of the variolae vaccinae..."), pronosticando que la aplicación de su método podría llegar a erradicar la viruela. Jenner fue el primero en recalcar la importancia de realizar estudios clínicos de seguimiento de los pacientes inmunizados, consciente de la necesidad de contar con controles fiables.
El primer abordaje plenamente científico de problemas inmunológicos se debió, a Louis Pasteur. Estudiando la bacteria responsable del cólera aviar (más tarde conocida como Pasteurella aviseptica), observó (1880) que la inoculación en gallinas de cultivos viejos, poco virulentos, las protegía de contraer la enfermedad cuando posteriormente eran inyectadas con cultivos normales virulentos. De esta forma se obtuvo la primera vacuna a base de microorganismos atenuados.
Fue precisamente Pasteur quien dio carta de naturaleza al término vacuna, en honor del trabajo pionero de Jenner. En los años siguientes Pasteur abordó la inmunización artificial para otras enfermedades; concretamente, estableció de forma clara que cultivos de Bacillus anthracis atenuados por incubación a 45 grados C conferían inmunidad a ovejas expuestas a contagio por carbunco. Una famosa demostración pública de la bondad del método de Pasteur tuvo lugar en Pouilly le Fort, el 2 de junio de 1881, cuando ante un gentío expectante se pudo comprobar la muerte del grupo control de ovejas y vacas no inoculadas, frente a la supervivencia de los animales vacunados.
Años después, abordaría la inmunización contra la rabia, enfermedad de la que se desconocía el agente causal. Pasteur observó que éste perdía virulencia cuando se mantenían al aire durante cierto tiempo extractos medulares de animales infectados, por lo que dichos extractos se podían emplear eficazmente como vacunas. Realizó la primera vacunación antirrábica en humanos el 6 de julio de 1885, sobre el niño Joseph Meister, que había sido mordido gravemente por un perro rabioso. A este caso siguieron otros muchos, lo que valió a Pasteur reconocimiento universal y supuso el apoyo definitivo a su método de inmunización, que abría perspectivas prometedoras de profilaxis ante muchas enfermedades.
Estos logros determinaron, en buena medida, la creación del Instituto Pasteur, que muy pronto reunió a un selecto grupo de científicos, que enfocarían sus esfuerzos en diversos aspectos de las inmunizaciones y de sus bases biológicas. A su vez, los norteamericanos Salmon y Smith (1886) perfeccionaron los métodos serológicos de Pasteur, lo que les permitió producir y conservar más fácilmente sueros tipificados contra la peste porcina.
Una importante faceta de la inmunología de la primera mitad del siglo XX fue la obtención de vacunas. Se lograron toxoides inmunogénicos a partir de toxinas bacterianas, en muchos casos por tratamiento con formol: toxoide tetánico (Eisler y Lowenstein, 1915) y toxoide diftérico (Glenny, 1921). En 1922 se desarrolla la vacuna BCG contra la tuberculosis, haciendo uso de una cepa atenuada de Mycobacterium tuberculosis, el bacilo de Calmette-Guérin.
Las vacunas se preparan con cepas muertas por la exposición al calor o a agentes químicos (como la primera vacuna de la polio, o la vacuna de la fiebre tifoidea); con un toxoide, forma inactivada de la toxina producida por el microorganismo (vacunas del tétanos y la difteria) o con un virus vivo atenuado, es decir, un virus debilitado en el laboratorio de manera que no produzca la enfermedad (como la vacuna de la polio desarrollada por Albert Sabin, o las vacunas del sarampión y la fiebre amarilla).
El programa de salud cubano como prioridad biotecnológica, incluye: la epidemiología, con la prevención primaria y el diagnóstico temprano, el uso de tecnologías con fines terapéuticos y el desarrollo de la industria farmacéutica. En nuestro país se producen 7 de las 10 vacunas que se le administran a la población humana.
El programa de inmunización en Cuba, ha tenido un gran impacto en la sociedad. Se han erradicado enfermedades como: la poliomielitis en 1962, el sarampión en 1993, la rubeola en 1995, la hepatitis B y la meningitis meningocóccica en el año 2001, entre otras.
Actualmente se aplica a toda la población infantil la vacuna QuimiHib contra el Haemophilus influenzae b y la Heberpenta, primera vacuna pentavalente producida íntegramente por un país en vías de desarrollo.