Tema: Fecundación y desarrollo.

MSc Milagros Quintana Quesada


La fecundación es la fusión del óvulo y el espermatozoide. Esta va precedida por la relación coital y, como consecuencia, de ella se forma el huevo o cigote, que se desarrolla y da origen a un nuevo individuo.

Este proceso ocurre normalmente en las trompas de Falopio, en las que el óvulo maduro permanece unas 24 horas aproximadamente con posibilidades de ser fecundado; si la relación sexual se efectúa en este tiempo, existe la posibilidad de que los espermatozoides alcancen el óvulo.

Los factores que hacen posible la fecundación son: los movimientos que realizan los espermatozoides por la actividad de su cola; las contracciones y las secreciones de los órganos genitales femeninos; la cantidad y calidad de los espermatozoides, entre otros factores.

De los espermatozoides depositados en la vagina, solo uno fecunda al óvulo. Muchos miles mueren en el trayecto hacia las trompas; algunos espermatozoides llegan y alcanzan la zona que rodea al óvulo, pero, cuando el óvulo ha sido penetrado por uno, la acción de algunas sustancias hace que otros, que continúan llegando a él, pierdan de inmediato su actividad.

Después que el huevo recorre la trompa, llega a la cavidad uterina. Esto ha sido posible por el tejido ciliado que tapiza las trompas, además de otros factores, que hacen posible que el huevo o cigote llegue al útero.

Después de llegar al útero, permanece unos cuatro o cinco días, antes de anidarse en una de sus paredes. Durante este tiempo, el huevo se nutre a expensas del tejido uterino. Después de múltiples divisiones y transformaciones de este huevo, se forma paulatinamente el embrión. Esta formación va acompañada, simultáneamente, de la formación de la placenta y del cordón umbilical que permite el paso de sustancias alimenticias, entre otras, de la sangre materna a la fetal; esta formación también permite el paso de productos de excreción en sentido opuesto, es decir, de la fetal a la materna.

En solo pocas semanas (ocho aproximadamente) ya se observa la forma de un pequeño ser humano, con todos sus órganos, y se perfecciona y ejercitan sus funciones durante el resto del embarazo. A partir de este momento, es que puede distinguirse en el embrión si el nuevo individuo será hembra o varón.

La causa de que unos individuos sean de sexo femenino y otros, de sexo masculino está directamente relacionado con la dotación de cromosomas que el nuevo individuo reciba de sus progenitores, ya que el óvulo es portador del cromosoma sexual denominado X y el espermatozoide puede ser portador del cromosoma sexual X o del cromosoma sexual Y.

Si el espermatozoide contiene el cromosoma sexual X, el nuevo organismo tendrá los cromosomas sexuales XX y su sexo será femenino. Si el espermatozoide contiene el cromosoma sexual Y, el nuevo individuo será XY y, por tanto, su sexo será masculino.

Al final del tercer mes, el nuevo ser tiene movimientos más fuertes: mueve los dedos y la cabeza, y abre la boca, aunque su tamaño es comparable con el de un huevo de gallina.

Entre los seis y siete meses, el feto se mueve sin dificultades en el líquido que lo rodea; este líquido lo resguarda de la desecación y lo protege de impactos externos.

Pasado cierto tiempo, adopta su posición de nacimiento por lo general, cabeza hacia abajo y flexionadas las extremidades; progresivamente, aumenta de tamaño y peso. El período de embarazo dura aproximadamente unas 40 semanas; al final de este, ocurre el parto, que es el mecanismo de nacimiento del niño, regulado por diferentes hormonas y por el sistema nervioso.

En nuestro país están garantizados, de forma gratuita, la atención y los cuidados que requiere la maternidad.

Nunca será excesiva la preocupación que debe tener la embarazada en cuanto a la atención de su embarazo, asistiendo sistemáticamente a la consulta del médico. Siguiendo las recomendaciones de este y realizando los ejercicios físicos necesarios, en la preparación de su organismo, tanto física como psíquicamente para el momento del nacimiento de su hijo. Si la madre no está preparada adecuadamente, el nacimiento del niño podría presentar problemas que lo afectarían durante toda la vida, impidiendo que esta transcurra normalmente.

Después del nacimiento, prosigue un proceso continuo de desarrollo; finalmente, se llega al estado adulto y se termina con la muerte.

Medidas higiénicas.

Para mantener un normal desarrollo y funcionamiento del sistema reproductor, tanto masculino como femenino, es necesario mantener una higiene adecuada, que proteja contra enfermedades que afecten estos órganos y, además, que contribuya a conservar la salud, en general.

La higiene sexual se inicia desde el nacimiento con el baño diario para evitar irritación a causa de la orina y las heces fecales; durante el baño se deben tocar los testículos del niño para saber si estos han descendido y se encuentran en la bolsa. Si alguno no ha descendido es necesario visitar al médico. Es importante que desde la niñez se cree el hábito de la palpación de los testículos para detectar tumores, presencia de sangre o de agua.

En el caso de las personas del sexo femenino es necesario practicar el aseo general genital y el autoexamen cada cierto tiempo, después del baño, con ayuda de un espejo para conocer mejor su cuerpo y detectar alguna lesión, flujo o irritación si la hubiera. Es necesario además que una vez iniciada la relación coital realicen el examen ginecológico de forma periódica, así como la prueba citológica y el examen de mamas como medida preventiva.

Otro aspecto a tener en cuenta es que en el aseo de los genitales masculinos corran el prepucio hacia atrás para asear el pene y evitar la acumulación de esmegma (sustancia sebácea resultado de la secreción de pequeñas glándulas) ya que estas pueden causar irritación o infección. Por otra parte, en el aseo de los genitales femeninos se deben separar con los dedos de la mano izquierda los labios mayores de la vulva y con la otra mano asear los genitales que queden al descubierto, ya que tanto la humedad como los restos de la orina pueden llegar a irritarlos.

Otra medida para evitar las infecciones, que deben seguir las muchachas, consiste en la forma de realizar la limpieza posterior a la excreción urinaria o fecal de tal manera que la limpieza de la vulva y el ano se realice por separado y de adelante hacia atrás.

Otro aspecto importante es el aseo de la cara, ya que uno de los problemas que a veces surge en la adolescencia es la aparición del acné, el cual es un padecimiento benigno que comienza en el momento en que la apariencia juega un papel muy importante en el concepto que el individuo tiene de sí mismo. Es necesario hacer énfasis en la importancia del lavado por la noche con agua caliente y jabón y durante el día unas 3 ó 4 veces. Además se sugiere dar un masaje con una toalla fina y visitar al médico en caso de que el acné no ceda ante las medidas higiénicas. El adolescente necesita saber qué debe hacer, no llevar dietas especiales, no exprimir las lesiones (granitos) no utilizar medicinas desconocidas o remedios caseros y, sobre todo, no angustiarse.

Durante la menstruación la muchacha debe continuar sus actividades habituales y su aseo personal. El aseo de sus órganos genitales debe ser más frecuente.

No podemos solamente limitar la higiene de los órganos genitales al aseo de los órganos externos. Es importante resaltar que, por medio de las relaciones coitales, podemos contraer infecciones de transmisión sexual, denominadas así porque se trasmiten por medio de las relaciones sexuales.

El adolescente debe conocer que la única medida preventiva completamente efectiva para evitar adquirir una infección sexualmente transmisible, es la abstinencia de contacto sexual, así como evitar exponerse a lesiones en la piel por las cuales se pueda contagiar. Sin embargo, una vez que el hombre y la mujer han iniciado una vida sexual activa, deben cumplir las medidas preventivas siguientes:

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