No hay razones para celebrar, sino para reflexionar.

Carlos Ríos
Un hombre en Londres mientras camina consulta las noticias de BBC en su Tablet. En Paris, un empresario lee a través de su smartphone que tendrá una reunión con un importante grupo empresarial. Mientras en la ciudad de Tokio las gigantescas pantallas de plasma anuncian el último anime y convidan a la lectura de la manga más popular. Sin embargo, detrás de la panacea digital y tecnológica, otra realidad subyace y está latente. Alrededor de 850 millones de jóvenes y adultos en el mundo no saben leer ni escribir.
Cada 8 de septiembre el mundo celebra el Día Internacional de la Alfabetización, nombrado por la UNESCO en 1967. Fecha escogida también para homenajear a hombres y mujeres que laboran anónimamente para enseñar a otros las competencias de lectura y escritura.
Este año se celebrará en todo el mundo bajo el tema: “Alfabetización y Desarrollo Sostenible”. El Día será “una oportunidad de recordar una simple verdad: la alfabetización cambia la vida y puede llegar incluso a salvarla”, como afirma en su mensaje la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova.
Pero la meta de lograr la alfabetización universal se sigue aplazando, producto de la combinación de una serie de factores que incide en la erradicación total de ese flagelo social que aqueja a las naciones más pobres del mundo. Un análisis realizado por UNESCO revela que, según las tendencias actuales, hasta 2072 no podrá vencerse el analfabetismo de los adolescentes más pobres de los países en desarrollo.
“Igualmente la educación de escasa calidad está dejando un legado de analfabetismo más grave de lo que se pensaba: uno de cada cuatro jóvenes, es decir 175 millones de adolescentes, es incapaz de leer una frase sencilla”[i].
La voluntad política que posean los gobiernos para revertir tal situación es neurálgica. Sin embargo, no siempre actúan de manera coordinada, subestiman la magnitud del analfabetismo y la complejidad que implica social, política y económicamente. De ahí el avance de quelonio en pos de alcanzar las metas educativas para el 2021.
“Hago un llamamiento a todos los Estados y a todos nuestros asociados para que redoblen sus esfuerzos, tanto políticos como financieros, a fin de que la alfabetización sea plenamente reconocida como uno de los medios más poderosos para acelerar el desarrollo sostenible”, exhortó en declaraciones a la prensa Irina Bukova, directora general de la UNESCO
Sin embargo, aún queda por resolver, la temática del empoderamiento de la mujer. Los números de UNESCO son alarmantes, casi dos tercios de los 781 millones de adultos iletrados son mujeres, un porcentaje que no ha mejorado desde 1990.
Tampoco los países ricos son infalibles al analfabetismo. En Francia menos de 60% de los inmigrantes alcanzan los niveles mínimos de comprensión lectora y en naciones como Nueva Zelanda sucede algo parecido con la población más vulnerable.

Cerca de 101 millones de niños y niñas no acuden a la escuela, y son más las niñas que los niños
Y es que la alfabetización a decir de la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova, “Es cimiento esencial del desarrollo”. Así lo presagió Fidel Castro Ruz cuando anunció que Cuba sería el primer territorio libre de analfabetismo de América.
Miles de adolescentes, jóvenes y adultos se enrolaron en la Campaña de Alfabetización, el primer ejemplo masivo de educación popular. Un farol para las noches y un lápiz eran las únicas armas de aquel ejército que en menos de un año pudo desterrar el analfabetismo de la mayor de Las Antillas En aquel momento, todo cubano que sabía leer y escribir, enseñó a aquellos coterráneos que por las miserias y desigualdades del régimen imperante no tuvieron acceso a ese derecho universal que es la educación.

Recientemente Cuba quedó como el país de más alto nivel educativo en América Latina, según el Banco Mundial.
Es sabido que la pedagogía es una obra de infinito amor y su grandeza está precisamente en ofrecer la luz del saber a aquellos que no la poseen.
Quizás por ello Cuba despliega sus tropas en diversas partes del orbe. Un ejército de más de dos mil 200 colaboradores cubanos que han dado la estocada final al analfabetismo en más de 28 países.
El método Yo Sí Puedo es sin duda el cubano que más personas y países diferentes ha conocido. Cerca de 6 millones de habitantes del planeta han recibido lecciones por este método de aprendizaje que habla aymara, quechua, inglés, portugués, creole, entre otros idiomas.
Sin embargo, otros llevan la democracia con las armas. Aniquilan con sus drones y tanques (fruto del conocimiento) poblaciones enteras.
Pero, acaso no es más democrático enseñar a leer y escribir. Por qué gastar miles de millones de dólares en armas cuando pueden ser empleados en salarios para los profesores, lápices, libretas y mejores condiciones para los estudiantes.
¿Quién es más valiente? ¿El soldado invasor con armamento de última generación o el maestro casi sin ropas que se adentra en la Amazonía y recorre varios kilómetros con sus libros y métodos para alfabetizar?
El ex Secretario General de la ONU, Kofi Annan afirmó en una ocasión:"La alfabetización es un derecho humano básico que junto con la educación en general, conforman el camino hacia el progreso humano”.
[i] http://www.unesco.org/new/es/media-services/single-view/news/international_literacy_day_2014_literacy_and_sustainable_development-1/#.VA3EE7nkeFE
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