Mi añoranza por el final

Misión educativa cubana en Bahamas
Por: Cubaeduca
Por: Héctor Álvarez Castillo. Profesor de Física y
Química.
North Andros High School. Bahamas.
Se acerca el final del curso escolar 2013-2014 y, con este, el advenimiento del fin de mi convenio de colaboración en Las Bahamas. El camino no ha sido para nada fácil. Ha sido el servir a mi país desde una “trinchera” formada a golpe de lápiz, libretas y libros; a base de largas e interminables horas de estudio, de tratar de sobreponerme a los retos impuestos por la gran barrera de la comunicación en lengua inglesa; de la incansable búsqueda de bibliografía actualizada de temas afines a mi especialidad; de la incesante necesidad de leer las noticias de tantas y tantas agencias de prensa, todas con diferentes puntos de vista de un mismo problema por su marcado carácter clasista, lo que como resultado me ha permitido elaborar mis propios conceptos, enfoques, óptica de entender el hecho como tal desde mi propia perspectiva.
He logrado cumplir mi tarea gracias a la educación integral en la que se ha formado mi personalidad, sustentada en los principios éticos y humanos de la educación cubana, la que me ha permitido desarrollarme como ser social.
Hoy siento con una mezcla de enorme satisfacción y a la vez de nostalgia, que se acerca el fin de tres largos años de mi labor en Las Bahamas donde dejaré atrás a invaluables amigos de la misión que de una forma indisoluble estarán ligados a mí para toda la vida, sin mencionar nombres porque la lista sería muy grande; quedarán sembrados en mi mente los recuerdos de mis alumnos, algunos con muchas ansias de aprender. Quedarán en el camino grandes amigos de esta tierra, muy buenos e incondicionales, los que me brindaron desde muy temprano todo su apoyo en aquellos primeros días de mi silenciosa y solitaria llegada a la Isla de Andros.
Fueron largos días aquellos a principios del curso 2011-2012 donde escogí ser parte de la comunidad donde viviría en vez de aislarme en mi soledad, donde opté por convertir en amigos a mis compañeros de trabajo y a los vecinos, donde brindé mis escasas habilidades en carpintería, electricidad e incluso en agricultura para ayudar desinteresadamente a esos que me apoyaron en cada momento. El resultado no pudo ser mejor: incondicional apoyo, respeto y reconocimiento social hacia mi persona.
También se cumplirán otros inmedibles deseos: el de estar muy pronto rodeado por mis hijos, mis padres, mi esposa, mi hermano y familia; ese infinito e insaciable deseo de compartir el resto de la vida entre los míos; el haber saldado parte de mi deuda moral con mi Patria “Chica y Grande”; el tratar de borrar las marcas de una deuda de tiempo alejado de mi familia, el cual no se recuperará jamás, el intentar paliar los insaciables deseos de achicar el largo y duro distanciamiento a los que he estado expuesto por estos tres largos años.
Hoy, por fin, estoy terminando mi misión con la satisfacción de haber cumplido el deber para con mi Patria, Cuba, desde la más bella, universal y humilde de las profesiones: EDUCADOR.
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