La Revolución, sana desde la raíz

Por Roberto Gómez
“Echarse un pueblo a los hombros” como dijera de Céspedes en su memorable artículo “Céspedes y Agramonte” fue para José Martí mucho más que organizarlo para iniciar la lucha, era por sobre todas las cosas preparar con bases firmes en la gesta libertadora, la república sana y vigorosa a que aspiraban los cubanos desde que fueron llamados al combate en 1868 por el Padre de la Patria.
En medio de su labor conspirativa y mientras enfrentaba la difícil tarea de lograr la unidad dentro de las fuerzas independentistas, se vio obligado a actuar contra cualquier decisión que pudiese lastimar la moral de la Revolución o comprometer la pureza de la república por nacer;debía hacerlo con tacto infinito para no lastimar a un colaborador tan cercano como Juan Gualberto Gómez, hombre por demás absolutamente fiel y de proverbial probidad. El hecho es que este le había informado que tenía en su poder una maleta con ocho mil duros enviados por Manuel García, famoso bandolero conocido como el Rey de los campos de Cuba. La suma era el pago exigido por un secuestro y se la había hecho llegar para que la utilizara en favor del independentismo.La respuesta martiana no se hizo esperar: “no; devuelva ese dinero a quien se lo entregó. La Revolución solicita el concurso de todos los cubanos; Manuel García es un cubano; si mañana, pronunciado el movimiento, él se incorpora a las filas cubanas, allí será lo que sus hechos y merecimientos le permitan que sea, al igual que cualquiera de los creadores y fundadores de la Patria; pero con su vida actual nosotros no tenemos conexión. Con nada de lo que él hace, colocado como está, fuera de toda ley y de toda sanción moral nosotros no podemos tener relación ninguna; devuélvale el dinero”[1]. Cuenta Juan Gualberto que además había agregado “los árboles deben venir sanos desde la raíz”.
Comentarios