El hombre de la rosa blanca
Las ideas no se matan
Autora: Stalina Prado Santisteban

Había una vez., un niño que amaba a su familia, a su patria, odiaba la esclavitud y quería luchar contra ella y hacer algo por la libertad de su "nación" que era vejada y dominada por foráneos. Tenía muchas inquietudes, desde pequeño, observaba a su familia numerosa pasar trabajo a pesar de tener un padre trabajador y honesto, mientras otros disfrutaban de ciertas comodidades y grandes banquetes. Veía también que personas oscuras servían a blancos ricos. No menos intrigante le eran los cuestionamientos y llamadas de atención que padeció su maestro en la escuela por ideas independentistas sostenidas a toda costa y a todo costo. Este niño comenzó a crecer antes que el resto de los de su clase por tener ciertas virtudes como la honestidad y la amistad, le tocó madurar picando piedras en la cárcel, a donde ningún adolescente quisiera ir, al menos sin una historia que confirme un acto de justicia.
Cambiar de prisión para la Isla de Pinos en aquel entonces, solo fue cambiar para una islita más pequeña pero colonizada igual, pues siguió mordiendo el polvo de su destierro, con la piel curtida del trabajo aumentó su visión de que el mundo afuera continuaba tal cual lo había dejado y comenzó en prisión, a expresar a través de la pluma sus miedos, sufrimientos, deseos e inquietudes. Se revelaba para Cuba y el mundo como un impulsor de las causas justas. Este niño que creció y se convirtió en hombre siguió apostando por la libertad aunque desde las sombras y haciendo uso de su mejor arma, las ideas. En aparente libertad, por su pensamiento y acción fue deportado a España y allí realizó estudios que fueron fundamentales para la maduración de sus ideas, que ya estaban impregnadas en él desde su primera formación en la escuela.
1879 fue su oportunidad, de retorno a la Isla - infinita- en sus sentimientos, pero poco duró su búsqueda de la libertad, en apoteósico desenlace con familia truncada es exiliado a los Estados Unidos y allí vivió y padeció un exilio que le hizo ver en carne propia de que se trataba el monstruo que afilaba sus garras en forma de águila imperial para su mejor manjar, la isla por la que tanto había padecido y a la que tanto amaba.
No quedando conforme con todo lo que luchó desde su verbo encendido y su pluma, regresó a la Tierra que le vio nacer y en cuestión de un mes murió luchando con las otras armas, las de la guerra, las que él decía no eran mejores que las ideas.
Casi todos los cuentos tienen un final feliz... mi cuento queda abierto, aún no finaliza, pues aquel hombre dulce, tierno, sensible y sencillo que un día fue un niño, vivió y murió por su "Isla" que hoy goza de libertad y reverdece cada 28 de enero en cánticos, inauguraciones, titulaciones y reconocimientos a todos los que como él mantienen latiendo el corazón de la libertad.
Los 19 de mayo como hoy, hacemos recordación de toda su obra escrita y proponemos nuevas metas para mantener latiendo el corazón de la libertad.
El niño de este cuento se llamaba José Martí, su maestro independentista José María de Mendive y su Isla se llama Cuba y mientras tengamos escuelas cubanas dignas, maestros dignos y una libertad que lata desde el corazón de Cuba, este cuento no tendrá final, estará abierto para escribir en él.
El cuento es pequeño pero el niño de este cuento dijo una vez y tenía razón, que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz..
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