Aulas museos, los niños hacen suya la historia

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Por: Ana Laura Arbesú *
Fuente: Prensa Latina
Niños de la enseñanza primaria del centro histórico habanero se adentran al patrimonio de Cuba y del mundo desde las aulas museos de esa localidad, un programa educativo surgido en los avatares de la restauración, que llegó para quedarse. Creada en 1995, la iniciativa pedagógica desde sus inicios tuvo detractores, muchas incomprensiones, pero hasta ahora unos 11 mil 800 estudiantes de este nivel de enseñanza han participado en el proyecto.

Las aulas museos consisten -explicó a Prensa Latina Ailec Vega, una de sus especialistas- en la permanencia de los niños en instituciones culturales de La Habana Vieja, para recibir el programa del currículo escolar durante el horario docente, al unísono del programa patrimonial del sitio que los acoge en un período de seis meses.

Su punto de arrancada, relató, fue la Plaza Vieja, una antigua zona comercial rodeada de diferentes establecimientos, donde se encontraba, además, una escuela primaria.

Las acciones constructivas que tenían lugar allí constituían un obstáculo para el desarrollo del proceso docente, era necesario un accionar urgente, explicó.

Los museos abrirán sus puertas y se convertirán en escuelas, fue entonces la decisión del Historiador de la Ciudad Eusebio Leal, ante esta disyuntiva. Así comenzó todo.

Pupitres, pizarrones, mesas, sillas, tizas, borradores, todo el material escolar necesario fue trasladado hacia los museos y casas museos aledañas a la plaza. La escuela salía de sus predios y se multiplicaba por varias de las instituciones de La Habana antigua.

De esta manera llegaron a la Casa del Benemérito de las Américas, Benito Juárez, y la de Guayasamín, dedicadas a conocer la historia y cultura de México y Ecuador, respectivamente.

Otras de manera paulatina se sumaron: la de África, la de los Árabes, el Jardín ecológico Hans Cristian Andersen, la biblioteca pública Rubén Martínez Villena, la Vitrina de Valonia, consagrada a las tradiciones de países europeos, y el Museo Casa Natal del intelectual y prócer de la independencia cubana José Martí.

Al principio hubo de todo, pero poco a poco el proyecto de las aulas museos se incorporó al programa docente-educativo. Esos sitios, destacó la especialista, se reacomodaron para asumir nuevas funciones.

Constituyó un desafío a la capacidad de respuesta de cada equipo técnico de los museos, pero surgieron numerosas propuestas para asegurar la prolongada estancia de los niños y sus maestros, señaló.

Una vez insertados en el museo, se rodeaban de toda su vida cultural y las clases se tornaban didácticas. Desde allí sus maestros podían ofrecer una visión más cercana a la historia, en un ambiente patrimonial.

Para la investigadora, el proyecto de aulas museos significa un ejemplo de maestría pedagógica, que estimula los valores, acerca a las familias a esos sitios y los incentiva a la investigación.

También constituye un impulso a la calidad del proceso docente educativo en las escuelas del centro histórico, y con ello la labor educativa que se desarrolla en esos centros se convierte en referencia para el trabajo de otras instituciones, añadió.

Validada de positiva para el sistema de enseñanza, la experiencia de la instauración de este proyecto comenzó entonces a irradiarse más allá de La Habana Vieja, señaló Vega.

A partir del curso 1999-2000, otras localidades de la capital cubana como Boyeros y Regla también se sumaron, e igualmente otros centros históricos del país que se encontraban en plena fase restauradora: Santiago de Cuba, Trinidad y Baracoa, la primera villa fundada en 1511 en la oriental provincia de Guantánamo, por solo citar algunas.

Distinguido por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en el tercer concurso internacional Somos patrimonio del Convenio Andrés Bello 2001, el proyecto aulas museos además mereció el Premio Internacional Pilar por la Paz, que concede la organización internacional.

*Periodista de la Redacción Cultural de Prensa Latina.

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