Niñez y adolescencia de un héroe

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Por MsC. Félix Jorge Guerrero Vega (colaborador)|
Fuente: Invasor
Este 28 octubre de 2012 se cumple el 154 aniversario del natalicio del Coronel del Ejército Libertador Simón Reyes Hernández, y comienzan las jornadas de homenaje a esta figura, que se extenderán hasta el 16 de noviembre de 2013, al conmemorarse 100 años de su asesinato. El presente título inicia una serie de artículos que reflejarán la vida del valiente patriota avileño, conocido por El Águila de la Trocha.

Allá en la finca La Guardarraya, situada al sur del actual municipio de Ciro Redondo, nació en un bohío de yaguas Simón de Jesús Reyes Hernández el 28 de octubre de 1858. El nombre que decidieron ponerle sus progenitores fue motivo de controversia. Su madre, María Trinidad Hernández Pardo, quería llamarlo Jesús, por evocar a Cristo; mientras, su padre, Benito Reyes Alarcón, deseaba ponerle Simón, en honor al gran libertador de América y, pensando en la Patria oprimida y esclava en que vivían, le expresó a su esposa: "Quién sabe si este niño, cuando sea mayor, pueda hacer mucho por la libertad de nuestra querida Cuba, por eso en honor de aquellos grandes defensores de la justicia y el amor debemos ponerle Simón de Jesús Reyes Hernández."

Por aquel entonces la familia Reyes-Hernández se dedicaba a las labores del campo. Como la mayoría de los campesinos de la época, vivían en la pobreza, la incultura y el analfabetismo por la carencia de escuelas públicas. Simoncito no aprendió a leer ni a escribir, pero llevaba en sí la sabiduría de los grandes héroes y la adhesión a la Patria.

Durante la primera mitad del siglo XIX se gestaron los ideales independentistas para liberar a los cubanos del yugo colonial español. Corrían los primeros años de la década de 1860. Las conspiraciones crearon el contexto propicio para el estallido revolucionario.

Los abuelos paternos del insigne avileño, Jesús de los Reyes y María del Rosario Alarcón, le inspiraron el amor a la Patria, pues ellos sufrieron la represión y la ignominia de los españoles. Pero más injusto resultó el crimen cometido contra sus abuelos maternos Isabel Moreno y Nicolás Hernández, este último resultó asesinado en su finca Santa Rita, jurisdicción de Morón, el 28 de abril de 1866. A su casa se presentó una comisión militar española dirigida por el capitán pedáneo de Morón, Manuel Aragón; lo acusaron de conspiración y le dieron alevosa muerte, en presencia de sus hijos. El hecho causó gran consternación en la comarca y la familia juró vengar el crimen. La situación creada acentuó en el niño Simón su patriotismo e ideas de libertad.

Con solo 10 años partió a la manigua con su tío Nicolás Hernández Moreno (el Tocayo), cuando se inició la Guerra de los Diez Años. No pudieron convencer al infante para que se quedara al abrigo de su madre. Ambos se incorporaron luego, en el ingenio La Ceja, cerca de Morón, a las fuerzas dirigidas por el Coronel del Ejército Libertador Manuel Valdés Urra (Chicho Valdés), que operaban en territorio avileño.

Cuentan sus familiares que a poco de estar en la manigua entró a un campamento de los españoles y, aprovechando la distracción de los soldados que descansaban, tomó dos fusiles y echó a correr. Un grupo de efectivos peninsulares lo persiguieron hasta el cuartel insurrecto y atacaron el mismo. La fuerza cubana pudo evadirse. Los mambises creían que Simón había provocado el hecho por ser confidente del enemigo. Cuando lo iban a juzgar por lo ocurrido, el jefe de la tropa comprobó la osadía y acción heroica de aquel muchacho por haberle quitado las armas al enemigo.

El 5 de diciembre de 1868 Simoncito estuvo presente cuando las fuerzas de Chicho Valdés, compuestas por unos 500 hombres, resultaron sorprendidas en La Ceja por las tropas españoles, al mando del teniente coronel Manuel Sánchez Lamela. Entonces con su tío Nicolás Hernández y un grupo de patriotas dispersos por la acción anterior acampó en la finca Villa, al sur de Morón, y con muchos otros marchó hacia Oriente.

Los asignaron a la zona del río Cauto, donde él participó en operaciones militares. En un combate contra las tropas del general Blas Villate de La Hera, Conde de Balmaceda, dio pruebas de su valor inigualable: recibió lesiones leves, pero cuando se presentó ante sus superiores estaba empapado en sangre por ayudar a los heridos a salvarse.

Con solo 13 años conoció sobre la muerte de su padre, quien cayó en cumplimiento de una misión de los insurrectos en el Camagüey, y también sufrió la pérdida de su progenitora, quien falleció como consecuencia del cólera.

En 1973 el Mayor General Máximo Gómez tomó posesión de la jefatura del Departamento del Centro y sustituyó al Mayor General Ignacio Agramonte, muerto en el combate de Jimaguayú, el 11 de mayo de ese año. Las fuerzas de su tío Nicolás pasaron al mando de Gómez. Entonces Simón Reyes conoció al guerrero dominicano y peleó bajo sus órdenes. En la campaña de Camagüey tomó parte en varias acciones, como La Sacra y Palo Seco.

El contingente invasor dirigido por Gómez se organizó entre el 10 y el 14 de marzo de 1874, para marchar hacia Las Villas. El día 15, al avanzar los insurrectos rumbo al Oeste, en el potrero de Las Guásimas de Machado, finca de Jimaguayú, se produjo la gran batalla campal donde las fuerzas españolas tuvieron 1 037 bajas y las cubanas un total de 175. En esa acción tomó parte el intrépido adolescente de 15 años, Simón de Jesús Reyes Hernández.

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