Donde coinciden futuro y sueño

Por Gisel García González
Fuente: La Demajagua
"Los niños reflejan aquello que has sido capaz de enseñarles y un poco más, esa chispa extraordinaria de su niñez", afirma Lilian Salgado. "De pequeña yo jugaba a la maestra con mis muñecas", dice Arletis Guevara. "Ellos son la esperanza del mundo", agrega Daylén Espín, culminando sus palabras con una sonrisa.

Ya sospechaban los hábiles y esforzados constructores y los profesores, privados voluntariamente de sus vacaciones, que con cada bloque o brochazo, además de una escuela, edificaban un sueño.

El día anterior aún fue de mucho ajetreo y las máquinas de coser no paraban: estrechando, haciendo falsos. Pero el 5 de septiembre del pasado año, en el patio de la antigua escuela de deporte de Bayamo, capital de la suroriental provincia de Granma, la imagen inspiró al periodista Orlando Fombellida, quien realizó la cobertura del inicio del curso escolar, a comenzar su información:
"Multicolores uniformes; infantiles, adolescentes, juveniles y adustos rostros llenan de nuevo, desde el lunes reciente, las aulas de toda Cuba".
Reconstruida en apenas dos meses con la colaboración de varias instituciones y empresas del territorio, la escuela Rubén Bravo abría por primera vez sus puertas para continuar la formación de maestros de las enseñanzas preescolar y primaria, iniciada en la comunidad William Soler, del municipio cabecera granmense, un curso antes.

"Cerramos el año lectivo con excelentes resultados y nuevos compromisos, expresa la máster en Ciencias María Elena Hernández Rodríguez, directora del centro. Cifras superiores al 96 por ciento en los indicadores de calidad y eficiencia y el ciento por ciento de retención, avalan la dedicación de estudiantes y profesores.

A los 688 alumnos de todos los municipios de Granma, bajo la tutela de 71 educadores, se unirán el próximo curso más de 200; algunos en las nuevas aulas de enseñanza especial.

"No pensábamos conseguirlo, pero ese patio lleno de muchachos uniformados nos convenció de que ya lo habíamos logrado. Aquellos que pasaron trabajo en el primer año, en condiciones de vida y estudio difíciles, agradecieron con estos resultados la escuela nueva", dice la profesora Dulce María Torres García.

"El reto -añade- aún es inmenso. Estos jóvenes tendrán en sus manos la formación de los infantes y en las nuestras yace la de ellos, su ejemplaridad en todos los aspectos, para que sean dignos de la confianza que cada día depositan los padres".
La vinculación de la institución con ocho centros anexos, para la realización de las prácticas sistemáticas de sus educandos, a partir del segundo año, constituye otra de las ventajas materializadas de la nueva ubicación.

"Aprovechamos la cercanía a las escuelas primarias y círculos infantiles para que los alumnos ejerciten lo aprendido, siempre con un tutor y cumpliendo el programa de formación pedagógica", afirma el profesor de Psicología José Ángel Avilés Fonseca.
"Mi mayor deseo es que los pequeños aprendan mucho conmigo, yo les voy a ofrecer cariño y conocimiento", dice Daylén Espín Vázquez, quien realizará sus prácticas en su segundo año de la especialidad de preescolar.

"Los profesores son excelentes y su superación constante se manifiesta en mejores clases, son nuestro ejemplo", señala Lilian Salgado Tamayo, alumna más integral del plantel.

Un peldaño más les acerca las estrellas que comenzaron a hilvanar delante de las pizarritas y los peluches, u observando a sus propios padres instruir a otros en las aulas, como Arletis, que sigue la tradición familiar.

La masoense Maitely Vázquez Soria expone: "sin importar las condiciones iniciales, nuestro propósito siempre ha sido formarnos como maestros, por eso no nos dimos por vencidos y hoy hacemos todo lo posible por honrar estas instalaciones, ganarnos el orgullo de los profesores y la confianza de la sociedad en la certeza del futuro".

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