Maceo más allá de las armas
Fuente: Cubaeduca
Lo miro desde su estatua ecuestre: erguido e imponente frente al malecón habanero, desafiante ante cualquier agresor y recordando su carácter temerario y bravura, que veintisiete impactos de bala no pudieron derribar. Así veo cada mañana Antonio Maceo, el Titán de Bronce, nacido hace 167 años.
Ese general mulato que en tiempos racistas y clasistas llegó a ser el segundo caudillo al mando de nuestras tropas insurrectas, y que supo ganarse el respecto de aquellos patricios que también integraban nuestras filas independentistas. Hoy lo veo como un mito y a veces se me hace difícil creer que ese héroe-leyenda, también fuera un verdadero humano.
El titán de Bronce, baja de su pedestal en varios documentos históricos y se ve que no solo fue un ídolo al estilo grecolatino, sino también un hombre cuya inteligencia no solo era dejada en las estrategias del campo de batalla, sino en un pensamiento cuyo fin primigenio era la libertad.
Antonio Maceo, al morir en diciembre no solo dejó un vació en el mando castrense mambí, sino también en el corazón de mucho de los cubanos que lo conocieron y siguieron fielmente en todas sus campañas. El hombre de Baraguá, “joven campesino, perteneciente a una raza a la que le estaban cerrados en aquellos tiempos todos los caminos... para adquirir educación y cultura, que jamás había vislumbrado otros horizontes, ni materiales ni intelectuales que el de su comarca guajira... lograra adquirir en poco tiempo conceptos tan definidos y precisos de patriotismo y ciudadanía[i]...[3]; dio muestras de su inteligencia y capacidad organizativa a su paso por tierras costarricenses.
A esos lares arribó el general santiaguero en febrero de 1891. Llegó como “Agente General del Gobierno Provisional Revolucionario constituido posterior a la Protesta de Baraguá (15 de marzo de 1878); desde entonces desarrolló una amplia actividad revolucionaria por el Caribe, Centroamérica, América del Sur y América del Norte”[ii]. Costa Rica sería un lugar fecundo para su pensamiento que develaría etapas desconocidas del líder independentista. Al desembarcar en el país centroamericano, Maceo recibió apoyo de varias personas de la sociedad costarricense, incluidos políticos, así como de personas más humildes.
Varios historiadores consideran que fue luego de su estancia en Jamaica que Maceo vislumbra lo acuciante de repensar las condiciones del ejército mambí y de la lucha independentista desde otras condiciones económicas, políticas y sociales, en aras de que fraguara el proyecto independentista cubano.
El general Maceo ve necesario “crear una base económica productiva, que favoreciera las decenas de cubanos diseminados por el Caribe, Centroamérica, México y los Estados Unidos de Norteamérica y hacia eso encamina sus pasos, para reincorporarlos a la lucha independentista”[iii].
A la luz de nuestros días vemos la capacidad militar de Antonio Maceo elogiado por Ernesto Che Guevara como excepcional estratega. Sin embargo, no solo concebía la guerra desde el campo de batalla, sino también en tiempos de paz, cuando las fuerzas debían reorganizarse y prepararse para el reinicio. Su aptitud para el liderazgo afloró en Costa Rica donde se manifestó su capacidad como pensador político y económico, al fundar una colonia de emigrantes cubanos con el propósito de brindar el peculio necesario para apoyar la nueva contienda.
Entre los primeros obstáculos sorteados por el Titán de Bronce estuvo la prohibición de inmigración negra al país centroamericano. Muestra inequívoca del pensamiento racista y retrógrado que imperaba en algunas de nuestras naciones americanas.
Algunos documentos históricos develan que estos fueron resueltos. Es así como se le confieren las tierras en el Departamento de Talamaca en la costa caribeña, entre Puerto Limón y los límites colombianos de Panamá. “Pero el gobierno español, conocedor del asunto envió una reclamación a las autoridades de Costa Rica y los mandos costarricenses correspondieron a la petición peninsular y al General Antonio se le hizo entrega de tierras en las costas del Pacífico, en la península de Nicoya”[iv].
Maceo comienza así a emprender su propósito, incluso se habla de que el héroe de la invasión, se compromete: “A enseñar a las familias costarricenses que quieran, el cultivo y beneficio del tabaco, algodón y de cualesquiera otros artículos que se exploten en la Colonia”. Asimismo le son dadas otras facilidades que permitiría el desarrollo de la colonia cubana en Costa Rica.
En este período Maceo logra que se firme un acuerdo en el que los cubanos mestizos entren al país centroamericano sin ningún tipo de prohibición. Esto se logra en el llamado Contrato Lizano- Maceo, dando pruebas el cubano de su filantropía y confraternidad para con sus coterráneos.
Asimismo mostró que el modelo económico que pondría en funcionamiento para la Colonia, podría ponerse en funcionamiento en otras naciones. La empresa maceísta era además una emancipación económica que buscaba la reproducción de recursos de manera soberana, en momentos que las empresas inglesas y norteamericanas invadían las tierras americanas.
El protagonista de la protesta de Baraguá convidó a compañeros y amigos dispersos en el área del Caribe y los Estados Unidos a trabajar en La Mansión, como le llamara el propio Maceo. Pronto, comenzarían a arribar cubanos que posteriormente trabajarían en la producción de tabaco, caña de azúcar, algodón y café. En otros textos, aparecen además la explotación de hule, zarza, maderas y el montaje de una destilería de alcohol. Se construye posteriormente un ingenio azucarero por medio de la importación de maquinaria de Francia y de los Estados Unidos.
Años más tardes, como parte de la organización de la guerra de Independencia, Martí arriba Costa Rica. Allí observó de cerca la organización de la colonia de cubanos fundada por el general Antonio Maceo. El Héroe Nacional delineó junto a Maceo la nueva contienda, y acuerdan unir sus fuerzas en el reinicio de la Guerra Necesaria.
A Martí lo sorprendió La Mansión que ya generaba sus propios recursos, utilizados posteriormente en la gesta. Al arribar Martí a esa colonia, vio organizaciones de base del Partido Revolucionario Cubano. Sobre la Mansión expresaría: “era como una pequeña república, sin distinciones por el color de la piel o por la procedencia social; allí también se construyó una escuela para instruir y educar a los niños”. Además se instruían en las cosas de Cuba, se discutía de la Revolución, era el proyecto armonioso de una comunidad social guiada por su paradigma”[v].
En documentos anteriores José Martí comentó la inteligencia del dirigente mambí que no solo le generaba admiración desde el punto de vista militar, sino también su capacidad de tomar decisiones y ver el proyecto de independencia, no como una guerra para derrotar España, sino como una “Guerra Necesaria”, para la construcción de una nueva república. Esta capacidad para vislumbrar un proyecto de nación que tuvo Maceo lo eleva a la altura de otros contemporáneos suyos como Martí, pero también al de los más grandes libertadores de América, máxime cuando en nuestro continente el caudillismo laceró el proyecto bolivariano.
Antonio Maceo, no es entonces solo esa estatua inerte que lo yergue como el gran General que fue, es también un pensador nato de la independencia cubana.
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