Historia, más que una asignatura

Por: María de las Nieves Galá y Alina M. Lotti

Trabajadores


Secretos, curiosidades y leyendas de héroes despiertan el interés de los estudiantes por la Historia, a partir de los nuevos programas de estudio concebidos en secundaria y preuniversitario con el objetivo de fomentar el amor patrio.

En este sentido, los claustros están llamados a desplegar iniciativas para hacer la clase atractiva y lograr aprendizajes más efectivos. Un buen ejemplo es la secundaria básica Máximo Gómez, de Quivicán, en Mayabeque, donde alumnos de 9no. grado, motivados por un concurso sobre la historia de la localidad, aportaron elementos novedosos sobre el paso del Generalísimo por ese territorio.

“La Historia de Cuba es un camino para sembrar valores en los adolescentes, quienes deben conocer los hechos que marcaron pautas en la Revolución”, apuntó la experimentada educadora Lissette Zulueta, directora del Instituto Preuniversitario Urbano (IPU) Juan Borrell, de Güines, también de esa provincia.

Allí poco se conocía sobre este mártir y a partir de los trabajos de investigación los jóvenes enriquecieron la sala de historia del centro, la cual atesora documentos y piezas museables de gran valor.

Renacer favorecedor

Sobre la base de la importancia de la historia patria para la formación integral de los estudiantes, el Ministerio de Educación (MINED) ha perfeccionado los planes de estudio de la asignatura.

Una de las principales insatisfacciones de directivos, trabajadores del sector y de la propia familia —que han prevalecido durante años— está relacionada con el desconocimiento de los hechos y figuras históricas que marcaron el devenir de la nación y que, sin lugar a duda, constituyen fortalezas para la labor educativa.

Durante el último seminario nacional de preparación del curso escolar 2011-2012 se reconoció que aún son insuficientes los resultados en el conocimiento de la Historia de Cuba y la historia local, y se observa poco dominio de la biografía del mártir o hecho histórico que da nombre a la escuela.

De igual manera, no siempre se utiliza la metodología correcta para el trabajo con los museos y no se aprovechan las potencialidades que aportan las visitas a estas instituciones.

Otras insuficiencias están relacionadas con el escaso conocimiento acerca del significado y uso adecuado de los símbolos patrios, así como de los cuadernos martianos para el estudio de la vida y obra del Apóstol.

Es saludable señalar que durante un buen período de tiempo la Historia de Cuba que se enseñaba en primaria no tenía continuidad en secundaria básica; es decir hasta 9no. grado no se volvía sobre ella.

Afortunadamente, esta situación se revirtió y desde hace dos cursos en 7mo. y 8vo. grados se imparte la asignatura Encuentro con la Historia de mi Patria, además de Historia Antigua y Medieval, en el primero, e Historia Contemporánea y Moderna, en el segundo.

Según Raciel Rodríguez Reinaldo, quien hace ocho años se desempeña como director en la secundaria Máximo Gómez, se trata de un programa muy rico, que favorece la forma de impartir los contenidos y fortalece el programa director de la lengua materna, porque muchas clases coadyuvan a mejorar la gramática y la redacción.

“Llegó en un momento clave —dijo— pues contribuye a la educación en valores de los estudiantes, y permite hacer énfasis en el trabajo patriótico”. Reconoció, además, que en los últimos años la secundaria básica ha afrontado dificultades en cuanto al personal calificado, ya que los profesores generales integrales no dominaban totalmente los contenidos de las asignaturas, pues no estaban formados como especialistas.

A partir de la nueva estructura y diseño de la secundaria, el maestro imparte Historia y Educación Cívica —agregó— y el programa favorece el desarrollo de actividades con los pioneros; entre ellas la celebración de efemérides y la dramatización de hechos históricos; en lo cual desempeña un papel fundamental la familia.

En este sentido, los cambios ocurridos en la enseñanza media superior también son valorados como positivos. “La asignatura ha vuelto a renacer”, en opinión de la máster Ileana Rodríguez, quien dirige el departamento de Humanidades en el IPU Eugenio María de Hostos, de Artemisa.

“En este curso imparto clases a estudiantes de 11no. grado, quienes tienen como base lo recibido en 10mo. Instruirles en Historia de Cuba permite contar después con bachilleres más preparados”, afirmó.

La autopreparación, un camino necesario

Enseñar de manera atractiva, buscando la motivación de los alumnos, depende de más de un factor, y en esto incide la autopreparación del docente y la labor metodológica, para lo cual se emplean varias vías.

En el preuniversitario Eugenio María de Hostos, el joven Enrique Martínez goza de gran prestigio profesional. Es preferido por los estudiantes y admirado por los compañeros de trabajo. Para este profesor de Historia la preparación no es asunto de la casualidad.

“Trato de llegar al aula con algo nuevo, investigo sobre curiosidades históricas, y doy gran importancia a la preparación metodológica, la cual se realiza en este centro —según la asignatura— una vez por semana. En tanto, un día al mes la recibimos en la Universidad de Ciencias Pedagógicas (UCP) Rubén Martínez Villena, ubicada en el territorio.

“Más allá de los saberes que aporta esta materia, de lo que se trata es de formar valores, basados en las tradiciones de lucha de nuestro pueblo. En el aula tenemos muchachos que piensan diferente a la gran mayoría, entonces nuestra misión es encaminarlos, darles argumentos, acercarlos a nuestros principios”, enfatizó el pedagogo.

Tal opinión fue enriquecida por la de Jorge Carballo, director del preuniversitario, quien considera que las clases de Historia de Cuba dan herramientas a los muchachos para el debate y los exámenes de ingreso a la educación superior, y valoró de muy favorable el apoyo de la universidad en cuanto a la preparación de los maestros.

El profesor general integral Arián Pérez, de la secundaria José Manuel Seguí Jiménez, del territorio artemiseño, aseguró que le gustaría especializarse en Historia. Para él lo esencial es tener la bibliografía necesaria, leer y profundizar.

“Es un reto —explicó— crear sentimientos en los estudiantes. La Historia es más que una asignatura, es establecer nexos entre el actuar de los héroes y el que los jóvenes, quizás, puedan asumir en una situación similar. Es fundamental que el educando conozca de dónde viene y hacia dónde va, y eso no se logra imponiendo el estudio.

“Atiendo dos grupos con dificultades, tanto académicas como de disciplina y el principal desafío es despertar el interés, motivarlos a que se preparen por el libro de texto, una habilidad perdida por la gran mayoría”.

Amor por la patria chica

Guanabacoa, cuna de importantes figuras de la política y la cultura cubanas, es parte de la historia de la localidad, que con acierto trabaja el IPU Víctor Marante Prieto, el único de ese territorio capitalino.

Inspirada en las ricas tradiciones del lugar y con el objetivo de incentivar en los alumnos “el amor por la patria chica”, la profesora Manuela Esquerro (más conocida como Mañi) realizó su tesis de maestría sobre este tema.

La jefa del departamento de Humanidades en este preuniversitario comentó que la investigación se nutrió de los trabajos hechos por los estudiantes, cuyos resultados se registraron en un cuaderno de trabajo que hoy se emplea como medio de enseñanza en otras escuelas.

“Tal material de apoyo —precisó— ofrece al claustro un criterio básico sobre la localidad, así como las diferentes fuentes que pueden ser consultadas”.

A partir del folleto, Helen Matos y Darián González, de 11no. grado, realizaron una multimedia que, con el tiempo, han enriquecido. Indagaron, recopilaron información, estudiaron todo lo referente a Guanabacoa, y para eso no solo recibieron la cooperación de la familia, sino el testimonio valioso de funcionarios y dirigentes del municipio.

La multimedia recoge de manera general la historia del lugar, los símbolos, las figuras importantes, la división política administrativa, la historia de las calles, el entorno natural.

En opinión de Rigoberto Castañeda, metodólogo provincial de cultura, en Artemisa, la Historia ha tenido una inyección y los trabajos sobre la localidad —como el ya mencionado— refuerzan la identidad y el sentido de pertenencia de los ciudadanos.

“Diariamente atiendo a algún muchacho; los profesores les indican tareas sobre las tradiciones del municipio y me gusta ayudarlos. Esa presión no la sentía en otros tiempos y esto es un indicio de la importancia que se le está dando a la asignatura”.

Apuntes preliminares

Historia de Cuba —en tanto asignatura priorizada— ha sido objeto de transformaciones favorables en los últimos años, en aras de fomentar el sentimiento patrio entre los educandos.

Hoy la enseñanza se concibe de manera sistémica, sin ruptura en determinados niveles o educaciones; los cambios en la organización escolar propician espacios para visitar tarjas, monumentos y museos, y los planes de estudio se han perfeccionado.

La preparación de los claustros es un objetivo y en cursos y posgrados se habilitan aquellos que no son especialistas. No obstante, aún quedan insatisfacciones en la familia, en los profesores y en los propios estudiantes. Apropiarse de la Historia no es cuestión de un día y de una sola institución. Conocerla, amarla, sentirla es la única manera de aprender a querernos como nación.

Criterios de Rosemond

Varias generaciones de güineros han bebido la historia patria a través de la viva voz de un pedagogo que acumula cuatro décadas en la enseñanza de esta asignatura. Roberto Rosemond Cooper es una autoridad en tal sentido, de ahí la trascendencia de sus criterios.

“La primera condición para motivar a los estudiantes es el trabajo independiente, no es la simple teoría; es indagar, buscar, hablar sobre una personalidad a partir de algoritmos, es decir elementos que se tienen en cuenta, como la época en que se desarrolla el individuo o los acontecimientos.

“El alumno se hace protagonista del aprendizaje y el maestro se convierte en conductor de ese proceso. A eso se le suma la palabra viva del profesor y los programas audiovisuales como métodos didácticos.

“Creo muy válido el ejemplo del profesor, el afecto que desarrolla hacia sus estudiantes, y cuando estos saben que pueden contar con él entonces se convierten en seguidores de sus ideas. El maestro es el ideólogo de la Revolución”.

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