De sabias lecciones del tiempo
Por Yalenis Figueredo
Fuente: Tribuna de La Habana
Optó por el magisterio aupada por un llamado de la entonces (1962) naciente Revolución cubana. Recuerda con agrado un precedente: “de muy pequeña jugaba a las maestras porque quería que todos me atendieran. Porque me sentía importante”. Maritza Mabilio Ortega, es maestra del segundo ciclo y trabaja en el área de las humanidades en la escuela primaria Manuel Valdés Rodríguez; pero también integra la comisión de captación hacia carreras pedagógicas en el municipio Plaza.
En su tesis de maestría abordó la formación de maestros desde los niveles de enseñanza primaria y secundaria básica. Actualmente la experiencia se aplica en ese territorio capitalino a partir del trabajo desarrollado en los círculos de interés, con miras a fomentar vocaciones pedagógicas en esos grados.
-¿Cómo valora la preparación actual de la cantera de profesores?
-Aunque hemos recurrido en el pasado a planes emergentes que han acelerado el proceso de preparación de los docentes, eso no sucede ahora. Aquí en la capital en los centros donde se forman los futuros maestros primarios, en la Salvador Allende y en la Fulgencio Oroz, se aprecia una línea de gestión muy aguda y perspicaz, diferente.
“En la secundarias básicas involucramos en disímiles actividades a los estudiantes que se inclinan por las carreras pedagógicas.
Organizamos conversatorios con alfabetizadores, internacionalistas, maestros retirados que han dedicado su vida a la Pedagogía; proyección de películas sobre la Campaña de Alfabetización.
Hacemos un seguimiento de su comportamiento y conversamos con los padres; además de propiciar intercambios con los docentes y estudiantes de los centros formadores de maestros. Para optar por esta especialidad los alumnos deben acumular más de 80 puntos.
“Es fundamental la lección que nos han dado el tiempo y las soluciones apresuradas. Ahora matriculan en la formadora de maestros quienes así lo deseen, pero avalados por distintos parámetros que ofrecen una idea primera de quien mañana estará encargado de educar. Solo el que reúna las condiciones necesarias accederá a los estudios pedagógicos. Estudiantes con cualidades que le destaquen ejemplo. Me parece que ahora estamos en el camino correcto.”
-¿Fue variando a través del tiempo la visión que usted tenía de un profesor en la sociedad, o la percepción con la que inició la carrera es la que mantiene hasta hoy?
-Nunca dudé del rol que desempeña un maestro. Siempre me pareció importante la figura responsable y capaz de guiar y educar, con entrega y sin temer las incomprensiones que a menudo sobrellevamos. Yo, por ejemplo, en mi aula me siento importante, porque en la medida que realice mi obra estaré formando mejor a las nuevas generaciones. Y lucho por eso.”
-¿Antes o ahora le atribuye mayor importancia a los pedagogos, considerando la opinión de que las nuevas generaciones están perdidas?
-Yo no creo que nadie esté perdido. Porque además es nuestra responsabilidad, de la familia cubana, de la sociedad. Es momento de escrutinio, valoración, análisis. Debemos sacar lo que tenemos dentro para poder rescatar aquello que necesitamos: los grandes valores que desde antaño signaron nuestra sociedad.
“Aunque todo cambia, porque todo se va transformando, y no podemos pensar igual que en los 70, hay cosas que nunca deben variar en cuanto al modo de establecer relaciones, costumbres, los hábitos de las personas; y hacia esa conciencia precisamente debemos encauzar. Porque ser disciplinado, respetuoso, amar a la patria y estudiar, que es el primer deber de cada estudiante, esos son estatutos no escritos de nuestra sociedad que nunca van a faltar.”
-La preferencia de una enseñanza…
-Aunque fui preparada para la enseñanza media general cuando llegué a la escuela primaria me enamoré de ella. Nadie, aparte de quienes laboramos en este mundo de duendes y hadas, se imagina las cosas tan lindas e importantes que se viven con los niños.
“Lo más gratificante es ver cómo aprenden. Los ganadores de concursos provinciales que ganan el pase a los nacionales; los que despuntan y te hacen preguntas que te obligan a organizar y pensar bien tus respuestas; el grupo que arriba a la secundaria y en la calle te agradece por haber sentado una buena base de conocimientos en ellos…ese es el mayor orgullo que puede haber, porque es el resultado de mi trabajo.”
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