Donde la alegría excluyó las tristezas
Situada a la salida de la ciudad de Camagüey, en la Carretera Central vía oeste, la escuela especial Antonio Suárez es la encargada de educar y formar a los niños ciegos y de baja visión, además de enseñarles los primeros pasos en el dominio de las técnicas que les permitan incorporarse a la sociedad.
Mabel Álvarez Bernal, Licenciada en Defectología y Msc. en Ciencias de la Educación es la directora de la escuela: “Esta es una de las obras más bellas de nuestra Revolución y confieso que hace algunos años cuando empecé a trabajar en la educación especial me daban deseos de llorar, porque me causaba dolor ver las limitaciones físicas de los niños. No tenía la experiencia actual de ver todo lo bello que se hace en ésta y en todas las escuelas de su tipo.

“Son 70 niños: Seis ciegos, 39 son estrábicos o ambliopes y 25 padecen de baja visión, con estos dos últimos grupos se aplica un programa diario por parte de las optometristas, para que alcancen mayor visión. Todos los alumnos reciben atención aquí en el centro de los médicos oftalmólogos, además del servicio de estomatología, el que cuenta también con una sala de observación atendida las 24 horas del día por un equipo de enfermeras”.
Junto con la directora visitamos a las optometristas Ireisi Borges y Rosita Calá, las que en ese momento atendían a niños que padecen de baja visión, estrabismo o ambliopía. Precisamente los pequeños realizaban ejercicios manuales para localizar la luz en los equipos que estimulan la visión.
Para el centro es importante que estos niños recuperen si no toda, por lo menos más vista de la que tienen y por eso la provincia se encuentra inmersa además, en un proyecto internacional conocido como CBM de atención a niños de baja visión.
La Msc Yilian Menéndez, especialista en el tema con 20 años de experiencia, dice que: “El proyecto surgió en África y ahora hay varias provincias cubanas que fueron acogidas y la nuestra entre ellas. Su objetivo es la capacitación de todo el personal que atiende esta especialidad con el fin de fomentar la rehabilitación visual con diagnóstico y la dirige el Consejo de Iglesias de Cuba con la colaboración de los Ministerios de Salud y Educación para integrar un equipo multidisciplinario.
Otra importante área que visitamos es la de las especialidades donde varias niñitas ciegas de preescolar aprenden, mediante el juego, a orientarse y moverse en el espacio, así como las habilidades de la vida diaria.

Casi recorrimos la escuela completa, muy reluciente, donde el brillo del sol y del amor penetran y se esparcen en cada aula junto con la dedicación de las profesoras porque casi todas son mujeres.
Encontramos a la logopeda Yarirka Ojeda, la que con mucho cariño le demostraba a una pequeña, situada frente a un espejo, cómo expresar palabras.
También visitamos un aula donde una profesora ciega impartía la clase, su nombre es Yudik López, quien además espera a su segundo descendiente.
Muchos niños expresaron la alegría de quienes viven en un país que los respeta y que a pesar de la política inhumana que aplica los Estados Unidos a Cuba con su bloqueo, disfrutan gratuitamente de los servicios de la educación, la salud, el cuidado, la alimentación, el descanso, el esparcimiento y a regresar cada momento junto a su familia, agradecida por ver tanta dedicación para que sus hijos sean útiles y aprendan a independizarse en una sociedad justa y sin exclusiones.
En Cuba se reconocen y aplican los acuerdos sobre los Derechos del Niño, tratado internacional de la ONU que reconoce el derecho de los menores de 18 años a desarrollarse en medios seguros y participar activamente en la sociedad.
Pero nada de eso interesa a los grandes medios de prensa, que por el contrario justifican los crímenes que el capitalismo comete contra la infancia o simplemente los callan.
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