Los días de la infancia

Por Enrique Valdés

Fuente: Tribuna de La Habana

Aplaudo la intención de dedicar el 1ro. de junio a la infancia. Ese día, desde 1982, el mundo vuelve por unas horas su mirada al importante sector poblacional, cuyos derechos, en buena parte del orbe, todavía son vulnerados.

Un día, entre los 365 del año, no basta para combatir la extrema pobreza en la que hoy viven, según informes de la ONU, alrededor de 600 millones de niños, ni aliviar las penurias de los 250 millones que nunca disfrutaron de esa etapa por estar obligados a trabajar largas jornadas para ganarse el sustento, sin derecho a la Educación y sin posibilidades reales de acceder al sistema de Salud.

En esta ocasión hago votos por que el planeta enfrente de manera decisiva la paranoia de armar a los pequeños para pelear en guerras de rapiñas, mientras recuerdo a otros, mutilados como consecuencia de esos conflictos, que ya no podrán correr, saltar, jugar. Para esos, este es un día aciago.

Por esa razón no voy a ponderar las posibilidades de niñas y niños cubanos. Quienes vivimos en la Isla, andamos sus calles y conocemos su intríngulis social, sabemos de sobra que, pese a dificultades económicas, objetivas o no en algunos casos, gozan de plenos derechos, no de aquellos escritos en convenciones a veces violadas, sino de los reales, los que les permiten sonreír al futuro y mirar al sol.
El informe emitido por la UNICEF este año reconoció los logros de Cuba en la atención educativa en edades tempranas, ponderó las transformaciones de la enseñanza, el estudio masivo de la computación y la más completa cobertura con docentes integralmente preparados.

También se pronunció acerca del impacto de las escuelas para niños con necesidades educativas especiales, el cuerpo legislativo creado por la Revolución con el fin de garantizar la supervivencia, desarrollo, protección y participación de la población más joven y la calidad del sistema de Salud, capaz de proteger a nuestros pequeños de 13 mortíferas enfermedades, que en muchos continentes constituyen verdaderos flagelos.

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