Papá Amado tiene hijos dentro y fuera de Cuba
Fuente: Adelante
Por: Carmen Luisa Hernández Loredo
Por: Carmen Luisa Hernández Loredo
Él trabaja ahí, donde a muchos les duele, donde el corazón se hace astillas de tanto sentimiento volcado en acciones. A él le gusta este Hogar, allí pasa tiempo con los hijos que su profesión le dio la oportunidad de conocer, de abrazar, de cuidar día a día con el celo propio de un buen tutor. Las únicas veces que el Dr. Amado de la Cruz ha estado fuera de su Hogar ha sido para brindar el mismo cariño, en solidaria muestra altruista, en otras partes del mundo.
En el Centro de Atención Psicopedagógica Henry Reeve, de esta ciudad, Amado ha echado su vida. “Desde septiembre de 1983 estoy aquí, fui su director 26 años, hasta que salí a cumplir misión en la República Bolivariana de Venezuela. Cuando llegué ni me podía imaginar lo que me esperaba, ya yo había trabajado en el Psiquiátrico y en el policlínico Ignacio Agramonte, en mi especialidad de Psicología, pero los muchachos aquí son diferentes.
Ellos tienen una discapacidad que puede ser de diversos grados: ligero, moderado, severo o profundo; tienen por lo tanto un comportamiento y una conducta totalmente distinta, lenguaje limitado, dificultad en la expresión extraverbal. Están los que aprenden algunos procesos, palabras, pero tienen que irse entrenando a través de un colectivo como este que es híbrido con médicos, enfermeras, fisioterapeutas y dietistas que puedan encargarse de su tratamiento, pero también necesitan a los defectólogos.
-- Desde que llegamos las muestras de cariño son interminables. De hecho supimos que al partir a su última misión el reclamo de sus muchachos fue “¿tú regresas papá Amado?
-- Sí --las lágrimas atrapadas en los ojos no pudieron dejar de asomarse en este momento de la conversación-- aquí tengo 120 hijos que están internos y otros tantos seminternos.
Todo el tiempo me están dando muestras de afecto, un abrazo, un beso, un choque de manos, no hay mejor expresión de amor que esa.
“Salir de misión fue difícil por dejar a la familia de la casa, y a la de aquí. ¡Son tantos años! Lo bueno es que en Venezuela, después de 20 años de mi primera misión, fue como volver a vivir los primeros años de este centro.
En el Centro de Atención Psicopedagógica Henry Reeve, de esta ciudad, Amado ha echado su vida. “Desde septiembre de 1983 estoy aquí, fui su director 26 años, hasta que salí a cumplir misión en la República Bolivariana de Venezuela. Cuando llegué ni me podía imaginar lo que me esperaba, ya yo había trabajado en el Psiquiátrico y en el policlínico Ignacio Agramonte, en mi especialidad de Psicología, pero los muchachos aquí son diferentes.
Ellos tienen una discapacidad que puede ser de diversos grados: ligero, moderado, severo o profundo; tienen por lo tanto un comportamiento y una conducta totalmente distinta, lenguaje limitado, dificultad en la expresión extraverbal. Están los que aprenden algunos procesos, palabras, pero tienen que irse entrenando a través de un colectivo como este que es híbrido con médicos, enfermeras, fisioterapeutas y dietistas que puedan encargarse de su tratamiento, pero también necesitan a los defectólogos.
-- Desde que llegamos las muestras de cariño son interminables. De hecho supimos que al partir a su última misión el reclamo de sus muchachos fue “¿tú regresas papá Amado?
-- Sí --las lágrimas atrapadas en los ojos no pudieron dejar de asomarse en este momento de la conversación-- aquí tengo 120 hijos que están internos y otros tantos seminternos.
Todo el tiempo me están dando muestras de afecto, un abrazo, un beso, un choque de manos, no hay mejor expresión de amor que esa.
“Salir de misión fue difícil por dejar a la familia de la casa, y a la de aquí. ¡Son tantos años! Lo bueno es que en Venezuela, después de 20 años de mi primera misión, fue como volver a vivir los primeros años de este centro.
El cuidado de los pacientes en el Henry Reeve es una prioridad y una fiesta.
“Ahora es que allá se están dando los pasos para crear y organizar las estructuras para poder atender, bajo la dirección del presidente Chávez, a las personas con necesidades especiales. Trabajé como defectólogo en la especialidad de logopedía en las salas de rehabilitación integral (SRI), donde atendí a la población con idénticas necesidades.
Se dieron clases en la Universidad Francisco de Miranda, para instruir a la población respecto a la atención que requieren estas personas. Asumí otras responsabilidades como dirigir por seis meses el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) en el estado Falcón, estuve tres meses como administrador, hice hasta de estadístico. La verdad es que fue muy atractiva la experiencia”.
Para alguien a quien el trabajo no le asusta la realidad no puede ser otra, más cuando él pasa todo su tiempo en un mundo de plenitud amorosa, donde de verdad se sabe amar.
Se dieron clases en la Universidad Francisco de Miranda, para instruir a la población respecto a la atención que requieren estas personas. Asumí otras responsabilidades como dirigir por seis meses el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) en el estado Falcón, estuve tres meses como administrador, hice hasta de estadístico. La verdad es que fue muy atractiva la experiencia”.
Para alguien a quien el trabajo no le asusta la realidad no puede ser otra, más cuando él pasa todo su tiempo en un mundo de plenitud amorosa, donde de verdad se sabe amar.
El cuidado de los pacientes en el Henry Reeve es una prioridad y una fiesta.
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